El canto cristiano

 

San Agustín nos ha enseñado que “quien ora cantando ora dos veces”. Entre los testimonios de la vida de los primeros cristianos se decía de ellos “los que cantan a un tal Cristo”. Desde siempre el canto ha ocupado un lugar de aprecio en la vida de fe.

 

Es un modo de expresión privilegiado. En el confluyen varios lenguajes. Por un lado está el contenido de la letra que expresa la fe de quien canta. Pero este contenido se expone con un lenguaje enriquecido, el de la poesía. No solamente hay conceptos racionales sino toda la riqueza de las imágenes y comparaciones propio de esta manera de expresarse. A su vez está el lenguaje musical, la melodía con su ritmo, su tonalidad, su capacidad de comunicar los sentimientos más profundos.

 

En la celebración el canto realiza la comunión y permite la participación. Afirmamos la misma fe, abrigamos los mismos sentimientos y procuramos la armonía entre nuestros corazones. Nos permite reconocernos miembros de la asamblea dándonos el mismo derecho a todos de levantar nuestra voz. Poder cantar en la Casa de Dios manifiesta nuestra dignidad de hijos en su Familia, la Iglesia.

 

Al ser oración implica una apertura conciente a la acción del Espíritu Santo, así el canto se transforma en un instrumento para la acción de Dios en los que cantan y en los que escuchan. Si el canto está inspirado en la palabra de Dios permite que esta entre en los profundo de nuestro ser y se grabe con más facilidad en nuestros corazones. Por la acción discreta del Espíritu Santo permite que expresemos ante Dios y los hermanos los sentimientos más profundos de nuestros corazones enriqueciendo nuestra misma oración.

 

El servicio de la música en una asamblea cristiana debe ser ejercido siempre como instrumento del Espíritu Santo a quien debemos servir. No se sirve a la música por si misma, ni a los instrumentos, ni a los que cantan. La música siempre debe ser parte de la celebración no un adorno para hacerla más amena. El canto es responsabilidad de la asamblea entera conducida por quienes se han dedicado a este ministerio específico.

 

Aprende a cantar quien sabe escuchar a los que dirigen el canto y al resto de los hermanos. Para que exista la armonía necesaria alguien debe conducir al coro de voces. Si hay instrumento musical este es el que va ir guiando con sus notas y acordes, con su ritmo. Lo importante es que todos cantemos al unísono, expresando la vocación a formar una comunidad de corazones.

 

Los cancioneros son importantes como invitación al canto y como recordatorio de las letras, sobre todo cuando recién se aprenden. Pero se debe estimular la memoria. Para esto ayuda hacer de los cantos parte de nuestra oración personal. Debemos preocuparnos por ser parte activa en el culto a nuestro Dios. Debemos ser cantores entusiastas así nos alentaremos unos a otros. Muchas veces el disponernos a cantar con ganas aunque no las tengamos basta para renovar la alegría y disposición de nuestro corazón.

 

Cuando en una comunidad se cuida el servicio del canto y todos cantan escuchándose, esperándose, contagiándose, al llegar alguien nuevo podrá experimentar que ahí realmente se le canta al Señor porque El está vivo y presente. Es un medio necesario para que se produzca esta Nueva Evangelización que la Iglesia nos pide realizar con ardor.